El mercado interno absorbió casi 132 mil toneladas menos que en igual período de 2025 y el consumo por habitante descendió a 47 kilos anuales. Los precios de los cortes crecieron muy por encima de la inflación y las estimaciones de julio muestran una nueva caída.


El consumo de carne vacuna profundizó su retroceso durante 2026 y cerró el primer semestre con el nivel más bajo de las últimas tres décadas. Entre enero y junio, el mercado interno absorbió 1,02 millones de toneladas, un 11,5% menos que en el mismo período del año pasado.

La caída equivale a unas 132 mil toneladas menos destinadas al consumo doméstico y vuelve a mostrar un cambio significativo en uno de los alimentos históricamente centrales de la mesa argentina.

Según el informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo per cápita, medido como promedio móvil de los últimos doce meses, descendió en junio a 47 kilos por habitante al año, un 8,2% por debajo del nivel registrado un año antes. En términos absolutos, son 4,2 kilos menos por persona.

Julio volvió a mostrar una fuerte retracción

Las primeras estimaciones correspondientes a julio profundizaron la señal de debilidad.

A partir de los datos de faena y del volumen destinado a exportaciones, el consumo aparente del mes fue estimado en torno a 43 kilos por habitante anualizados, después de haber alcanzado unos 46,5 kilos durante junio.

Ese indicador mensual no debe confundirse con el promedio móvil de doce meses que utiliza habitualmente CICCRA, pero muestra que la recuperación observada durante junio no logró consolidarse.

Durante julio se enviaron a faena alrededor de 1,075 millón de animales, un 12% menos que en el mismo mes de 2025, mientras las exportaciones mantuvieron un nivel elevado.

El precio de la carne corrió muy por encima de la inflación

Uno de los factores centrales detrás de la caída del consumo es el encarecimiento relativo de la carne vacuna.

Hasta junio, los precios de los cortes habían acumulado una suba interanual del 53,6%, mientras la inflación general se encontraba alrededor del 33,5%. El pollo entero, uno de los principales sustitutos en la dieta de los hogares, había aumentado un 29,9% en el mismo período.

La diferencia significa que la carne vacuna se encareció significativamente no solo frente al nivel general de precios, sino también respecto de otras alternativas de proteína animal.

Entre los cortes relevados, durante los doce meses terminados en junio la carne picada común aumentó 56,2% y el asado 54,3%.

Ese comportamiento, combinado con las dificultades de poder adquisitivo de los hogares, fue señalado por CICCRA como uno de los elementos que explican la retracción del mercado doméstico.

Menor producción y más carne destinada al exterior

La caída del consumo interno se produjo además en un escenario de menor producción.

Durante el primer semestre se produjeron 1,428 millones de toneladas de carne vacuna, un 6,2% menos que en igual período de 2025. La faena acumuló alrededor de 6,02 millones de cabezas, con una caída interanual cercana al 9%.

Las exportaciones siguieron el camino contrario. Los envíos externos alcanzaron aproximadamente 408.600 toneladas res con hueso, un 10,2% más que durante la primera mitad del año pasado.

Como resultado, cambió la distribución de la producción. En el primer semestre de 2025, el 75,6% de la carne producida había quedado en el mercado interno y el 24,4% había sido destinado a exportaciones. Este año, la participación doméstica bajó al 71,4%, mientras la exportación avanzó hasta el 28,6%.

Estados Unidos tuvo un papel importante en el crecimiento de las ventas externas, junto con otros destinos que permitieron compensar parcialmente la menor demanda interna.

Un cambio que se profundiza en la mesa argentina

La caída de 2026 no constituye un movimiento aislado. El consumo per cápita viene ubicándose desde hace tiempo en niveles históricamente bajos y durante los primeros meses del año fue marcando sucesivos pisos.

En mayo había quedado en 47,5 kilos anuales, con una caída interanual del 6,1%; en junio retrocedió a 47 kilos en el promedio móvil de doce meses, y la estimación puntual para julio volvió a mostrar una contracción.

El escenario combina así menor disponibilidad de hacienda, caída del poder adquisitivo, precios de la carne que crecieron por encima de la inflación y una mayor proporción de la producción orientada hacia el mercado externo.

El resultado es especialmente significativo para un país históricamente asociado al consumo de carne vacuna: durante la primera mitad de 2026, la cantidad destinada al mercado interno fue la más baja registrada por CICCRA para un primer semestre en tres décadas.