Por Alejandro Gómez
Aun para los estándares discursivos que el avilesismo construyó durante más de 15 años en el poder, hubo algo diferente en la apertura de sesiones 2026-2027 del Concejo de Representantes. El pasado 1 de agosto, Esteban Avilés volvió a identificar enemigos, volvió a dividir el escenario político entre propios y ajenos y volvió a presentar a su gobierno como garantía frente a todos los males posibles. Pero esta vez agregó un componente nuevo y preocupante: un giro mesiánico.
“¿Qué hubiera sido si la oscuridad se hubiera apropiado de nuestra ciudad, de la vida de nuestras familias?”, preguntó el intendente.
No fue un giro casual ni una frase perdida. El Municipio eligió precisamente ese fragmento para reproducirlo y publicitarlo después en sus gacetillas y redes sociales.
Durante años, Avilés utilizó etiquetas políticas para reunir dentro de un mismo espacio a adversarios muy diferentes. “Kirchneristas” fue durante mucho tiempo una de las preferidas, aun cuando la realidad partidaria desmintiera con facilidad semejante simplificación. La precisión importaba menos que el objetivo: construir un enemigo común frente al cual fortalecer el relato propio.
Esta vez fue más allá.
Cuando siempre existe algún opositor que puede escapar de una clasificación partidaria arbitraria, la categoría “oscuridad” ofrece una ventaja: entra prácticamente cualquiera.
Avilés habló de sectores “corruptos, delincuentes, demagogos, populistas, mentirosos”, de quienes están “fuera de la ley” y hasta de aquellos que, según su particular criterio, carecen de “pertenencia espiritual” y de vínculo con la “identidad carlospacense”.
Todos apilados dentro de una misma categoría moral.
No importa demasiado si se trata de un adversario electoral, un empresario o una institución crítica, un dirigente opositor o alguien cuya mirada de ciudad simplemente difiere de la del oficialismo. El relato termina construyendo dos campos: de un lado, quienes encarnarían los valores de Villa Carlos Paz; del otro, aquellos asociados con su degradación.
Y si todo eso representa la oscuridad, la conclusión implícita resulta inevitable: el avilesismo se autopercibe luz.
Allí aparece la dimensión más inquietante del discurso. Porque un gobierno puede defender apasionadamente su modelo, reivindicar sus decisiones y confrontar con quienes propone otro rumbo. Lo que resulta mucho más difícil de aceptar es que pretenda apropiarse también de la honestidad, la legalidad, la identidad, los valores comunitarios y hasta de una supuesta “pertenencia espiritual”.
La identidad de Villa Carlos Paz no pertenece a Carlos Paz Unido, a la Gestión Comunitaria ni a Esteban Avilés. No es una credencial que el poder pueda entregar a quienes adhieren a su proyecto y retirar a quienes lo cuestionan.
El intendente completó esa construcción invitando a imaginar una ciudad alternativa en la que, sin su espacio político, las costas estarían cerradas, las montañas cubiertas de cemento, los desarrollistas habrían arrasado el territorio, los vecinos pagarían servicios más caros y los barrios permanecerían abandonados.

Es un recurso discursivo cómodo: comparar la realidad con una catástrofe hipotética que nunca existió y atribuirse el mérito de haberla impedido. Así, discutir el modelo deja de significar proponer una alternativa y pasa a convertirse casi en una amenaza contra la ciudad.
Las reacciones opositoras mostraron que el tono no pasó inadvertido.
Daniel Ribetti consideró que después de un discurso concentrado fundamentalmente en “hablar del pasado y echar culpas”, apareció un tramo “místico” y “esotérico”, construido alrededor del bien y del mal. Para el concejal, plantear cómo habría sido Villa Carlos Paz si Avilés no hubiera ganado y hubieran gobernado “las fuerzas oscuras” constituyó una falta de respeto.
Fernando Revello cuestionó directamente la lógica de “los seres de luz frente a la oscuridad de la oposición”. “Arrogarse ‘yo soy la luz y el resto la oscuridad’ es demasiado”, señaló, y contrapuso esa construcción con la necesidad de un gobierno que escuche, dialogue y sea capaz de hacer autocrítica.
Pía Felpeto vinculó el tono del mensaje con lo que considera una ausencia de respuestas concretas. Habló de un discurso “vacío de propuestas reales” y cuestionó que el intendente dedique más tiempo a buscar culpables que a explicar problemas cotidianos relacionados con el agua, el gas o las cloacas.
Carlos Quaranta agregó quizá uno de los señalamientos políticos más profundos. Sostuvo que el gobierno utiliza “los discursos de odio como una herramienta ante la falta de propuestas” y consideró difícil generar credibilidad sobre proyectos pendientes después de quince años en el poder. A eso sumó lo que definió como una postura “mesiánica, rarísima”, resumida en una fórmula: “Soy yo o es la oscuridad”.
Ese es justamente el riesgo.
La apertura legislativa no fue un acto partidario. Fue una ceremonia institucional frente a un Concejo que, por definición, representa una sociedad plural. Convertir ese escenario en una división moral entre quienes pertenecen y quienes encarnan la oscuridad empobrece todavía más un debate político ya demasiado acostumbrado a la descalificación.
Quizás haya también una búsqueda deliberada por acercar el tono local a la retórica confrontativa que domina la política nacional y que tiene en el presidente Javier Milei su expresión más visible. Avilés ya incorporó términos, formas comunicacionales y conceptos asociados a ese universo.
Pero la explicación, si existe, no modifica el problema.
Villa Carlos Paz se encamina hacia las elecciones de 2027 y necesita discutir gestión, servicios, desarrollo urbano, turismo, economía, instituciones y proyectos de futuro. Puede hacerlo con dureza, con diferencias profundas y hasta con modelos irreconciliables.
Lo que no necesita es una elección entre iluminados y oscuros.
Porque cuando quien gobierna comienza a presentarse, aunque sea implícitamente, como la luz que protege a una comunidad de todos aquellos que piensan distinto, ya no estamos solamente frente a una exageración retórica.
Estamos frente a una particular y preocupante manera de concebir el poder.
Nota correspondiente a la edición n° 626 del periódico La Jornada, del 26 de agosto de 2026.













